
Ahora que está en boga la sub 23, nosotros también tuvimos nuestras selecciones en aquellos partidos que jugamos en la cancha de los talleres.
Este lugar estaba asfaltado y era apto para jugar Básquetbol o Voleibol, además, como quedaba semioculto de los pasillos, podíamos permanecer bastante rato en ella, sin que alguno de los profesores te observaran a la pasada.
En aquella cancha, una suerte de patio trasero de la Sede, se encontraba junto al pañol de mantenimiento y las antiguas calderas. Muchas veces era habitual encontrarnos con el Monito Lombardi, un obeso auxiliar de pelo corto y voz ronca que, con cigarro en mano mantenía y vigilaba el lugar. Hasta el día de hoy, no tengo muy claro cual era la función que desempeñaba, pues asumía arbitrariamente como el jefe de todo el grupo de auxiliares. Otro de los ordenanzas que frecuentaba el lugar era el Chumingo, con su característico bigote estilo Cantinflas, que siempre nos tenía algún balón guardado para poder jugar.
En aquella cancha, una suerte de patio trasero de la Sede, se encontraba junto al pañol de mantenimiento y las antiguas calderas. Muchas veces era habitual encontrarnos con el Monito Lombardi, un obeso auxiliar de pelo corto y voz ronca que, con cigarro en mano mantenía y vigilaba el lugar. Hasta el día de hoy, no tengo muy claro cual era la función que desempeñaba, pues asumía arbitrariamente como el jefe de todo el grupo de auxiliares. Otro de los ordenanzas que frecuentaba el lugar era el Chumingo, con su característico bigote estilo Cantinflas, que siempre nos tenía algún balón guardado para poder jugar.
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Aquel recinto tenía otro encanto particular, sobre todo para las clases de Educación Física femeninas. En esas ocasiones, era interesante y educativo asistir a observar como hacían gimnasia las niñas, a quienes mirábamos reflexivos y absortos sentados desde la escala de acceso, mientras saltaban el cajón o hacían volteretas, luciendo aquellas pudorosas, sobrias y por sobre todo nada-de-sugerentes mallas negras, todo esto en el tiempo justo antes que la profesora se diera cuenta y nos echara del lugar. Debo reconocer que aquí la memoria me desorienta un poco ¿cuál era su nombre?
En los recreos, especialmente en el de las 13:15 hrs., la usábamos más seguido. Este descanso era más largo que los otros dos, ya que eran veinte minutos que servían para pasar un buen rato jugando al reloj con la pelota de básquetbol. Después de esto llegábamos acalorados, agitados y muy transpirados a la sala, a la hora de la canícula. Naturalmente, no dejábamos un muy buen olor en su interior, lo que provocaba serias discusiones con las damas.
En cuarto medio organizamos, el Triangular Intercomunal Deportivo Interino, que incluyó competencias de Baby Fútbol, Básquetbol y Voleibol. Los equipos se formaron de acuerdo a los diferentes lugares de procedencia, entre los residentes de las comunas de Valparaíso, Viña del Mar y los del Interior Unido, que comprendía desde Quilpué hasta Quillota. Hubo largas jornadas que se vivieron sufriendo por los puntos del campeonato y los diferentes encuentros jugados, aunque nunca se determinó quien había resultado ganador del torneo.
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En los límites del recinto del colegio, mirando hacia el Este, y cercano al camino del Olivar, estaba la cancha grande –la de tierra– en la que se efectuaban los encuentros de Fútbol y algunas actividades de atletismo.
El lugar estaba circundado por eucaliptos, aromos y espinos que salpicaban el acogedor y natural entorno, brindando, a veces, la sombra necesaria que nos permitía disfrutar de esos amenos torneos vespertinos.
En un par de ocasiones nos hicimos de una grabadora y los partidos fueron grabados, siendo el relator Manfredo Navarro, apoyado por Yerko, en los comentarios y mi contribución en la locución comercial. El negro Navarro, viñamarino y Evertoniano hasta el día de hoy, tenía una habilidad propia de los relatores radiales e impresionaba con la facilidad que relataba aquellas justas deportivas. Por su parte, Yerko complementaba la crónica con sabrosas acotaciones de rigor.
Mi paso por el equipo de fútbol del curso no fue muy afortunado, mis habilidades tampoco eran muy buenas, por lo que mi pase no era muy cotizado y la mayoría de las veces estuve en la banca.De todos modos, vaya entonces mi mención para el equipo de todos los tiempos, que fue conformado por Claudio ‘Chino’ Leiva al arco, en la defensa Jorge ’Maleta’ Malebran, Camilo Vallejo, Víctor ’Paco’ Gaete; en el medio campo Manuel ’Jalil’ Baeza, Pablo ’Cabezón’ Fica, Franz ’Rucio’ Bevensee y Gabriel ’Rana’ Saavedra; y en la delantera Rodrigo ’Ñete’ Ramírez, Marco Peña y Ricardo Valenzuela, que igual que Cazselly, hacia las veces de lauchero, metiendo los goles necesarios. Cuando no relataba Manfredo integraba el equipo jugando en la delantera también.
Aquel recinto tenía otro encanto particular, sobre todo para las clases de Educación Física femeninas. En esas ocasiones, era interesante y educativo asistir a observar como hacían gimnasia las niñas, a quienes mirábamos reflexivos y absortos sentados desde la escala de acceso, mientras saltaban el cajón o hacían volteretas, luciendo aquellas pudorosas, sobrias y por sobre todo nada-de-sugerentes mallas negras, todo esto en el tiempo justo antes que la profesora se diera cuenta y nos echara del lugar. Debo reconocer que aquí la memoria me desorienta un poco ¿cuál era su nombre?
En los recreos, especialmente en el de las 13:15 hrs., la usábamos más seguido. Este descanso era más largo que los otros dos, ya que eran veinte minutos que servían para pasar un buen rato jugando al reloj con la pelota de básquetbol. Después de esto llegábamos acalorados, agitados y muy transpirados a la sala, a la hora de la canícula. Naturalmente, no dejábamos un muy buen olor en su interior, lo que provocaba serias discusiones con las damas.
En cuarto medio organizamos, el Triangular Intercomunal Deportivo Interino, que incluyó competencias de Baby Fútbol, Básquetbol y Voleibol. Los equipos se formaron de acuerdo a los diferentes lugares de procedencia, entre los residentes de las comunas de Valparaíso, Viña del Mar y los del Interior Unido, que comprendía desde Quilpué hasta Quillota. Hubo largas jornadas que se vivieron sufriendo por los puntos del campeonato y los diferentes encuentros jugados, aunque nunca se determinó quien había resultado ganador del torneo.
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En los límites del recinto del colegio, mirando hacia el Este, y cercano al camino del Olivar, estaba la cancha grande –la de tierra– en la que se efectuaban los encuentros de Fútbol y algunas actividades de atletismo.
El lugar estaba circundado por eucaliptos, aromos y espinos que salpicaban el acogedor y natural entorno, brindando, a veces, la sombra necesaria que nos permitía disfrutar de esos amenos torneos vespertinos.
En un par de ocasiones nos hicimos de una grabadora y los partidos fueron grabados, siendo el relator Manfredo Navarro, apoyado por Yerko, en los comentarios y mi contribución en la locución comercial. El negro Navarro, viñamarino y Evertoniano hasta el día de hoy, tenía una habilidad propia de los relatores radiales e impresionaba con la facilidad que relataba aquellas justas deportivas. Por su parte, Yerko complementaba la crónica con sabrosas acotaciones de rigor.
Mi paso por el equipo de fútbol del curso no fue muy afortunado, mis habilidades tampoco eran muy buenas, por lo que mi pase no era muy cotizado y la mayoría de las veces estuve en la banca.De todos modos, vaya entonces mi mención para el equipo de todos los tiempos, que fue conformado por Claudio ‘Chino’ Leiva al arco, en la defensa Jorge ’Maleta’ Malebran, Camilo Vallejo, Víctor ’Paco’ Gaete; en el medio campo Manuel ’Jalil’ Baeza, Pablo ’Cabezón’ Fica, Franz ’Rucio’ Bevensee y Gabriel ’Rana’ Saavedra; y en la delantera Rodrigo ’Ñete’ Ramírez, Marco Peña y Ricardo Valenzuela, que igual que Cazselly, hacia las veces de lauchero, metiendo los goles necesarios. Cuando no relataba Manfredo integraba el equipo jugando en la delantera también.
(del libro Para bien de Todos. Cap.9)

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